26 de Marzo de 2026

La Defensoría del Pueblo de Panamá nació en 1997, con un claro mandato de hacer valer los derechos humanos en el país. Para ello, la institución requiere ser un referente ético, un modelo institucional y la voz de todos aquellos que no la tienen.
Lamentablemente, y a pesar de que la institución fue incluida en la Constitución en las reformas de 2004, la Defensoría ha perdido relevancia, peso público y credibilidad institucional. Una Defensoría débil significa que miles de panameños en situación de vulnerabilidad —sin acceso real a salud, educación, justicia ni servicios básicos— permanecen sin una instancia eficaz que los acompañe y defienda.
Ahora que la Asamblea Nacional ha dado inicio al proceso de selección del nuevo defensor del pueblo, la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana hace un llamado urgente a los diputados para que se comprometan a revertir este deterioro, asumiendo con responsabilidad su deber de representar a la ciudadanía y no a intereses particulares o de partido.
La Asamblea Nacional es el órgano del Estado con la mayor representación directa de la ciudadanía, por mandato constitucional. Esa cercanía con la población multiplica la obligación de las diputadas y los diputados de escoger a una persona que honre el mandato de la Defensoría: ser contrapeso frente a abusos del poder, mediadora frente a la administración pública y canal de protección efectiva de los derechos humanos, especialmente de quienes se encuentran en condiciones de pobreza, discriminación o exclusión.
Por ello, la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana advierte que existen condiciones objetivas que deben descalificar a cualquier persona aspirante al cargo de defensor del pueblo. Entre ellas, señalamos:
Cualquier candidato o candidata que caiga en una o varias de estas situaciones no debe ser considerado para el puesto de defensor o defensora del pueblo. La Defensoría se creó precisamente para proteger a los más débiles frente a los más fuertes, para abrir puertas donde el sistema las mantiene cerradas, para elevar la voz de quienes no son escuchados. Convertirla en un botín político o en plataforma de intereses particulares, traiciona su razón de ser y profundiza la desconfianza ciudadana en las instituciones.
Por todo ello, la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana hace un llamado a la Asamblea Nacional a estar a la altura de esta responsabilidad histórica y a escoger a una persona que devuelva relevancia, confianza y eficacia a la Defensoría del Pueblo.
| Panamá, 26 de marzo de 2026. |
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